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Jesús me Acompañó a Casa

10 may 2022
2 min de lectura

Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. – Lucas 24:15b


En una de mis sesiones de consejería, estaba relatando lo que sucedió cuando, una tarde, dos bravucones del vecindario me dejaron solo, atado a una tirolesa, a unos nueve metros de altura. Bloquearon el mecanismo de avance y retroceso, dejándome suspendido en el aire sin forma de bajar, ni de avanzar, ni de retroceder. La única manera de escapar era liberarme de las cuerdas que me sujetaban a la tirolesa y saltar al vacío.


Huelga decir que, siendo niño, estaba aterrorizado. Tras una hora de esfuerzos para soltarme de las cuerdas que me unían al cable, hice lo único que se me ocurrió: saltar. Por la gracia de Dios, no sufrí heridas y regresé a casa caminando.

Después de compartir esta historia, uno de los consejeros me pidió que cerrara los ojos y le pidiera a Jesús que se revelara ante mí en aquella prueba. Al cabo de unos segundos, el Señor tuvo a bien mostrarme cómo Él mismo me sostenía al saltar de la tirolesa y me acompañaba a casa.


Tres días después de la crucificción de Jesús, dos de sus seguidores caminaban hacia su hogar; estaban traumatizados, heridos, temerosos y profundamente afligidos por la espantosa muerte de su Señor en la cruz. Según Lucas, Mientras ellos conversaban y razonaban, Jesús mismo se acercó y caminó con ellos. Pero sus ojos estaban velados, de modo que no lo reconocieron. Y les dijo: “¿De qué hablan entre ustedes mientras caminan tristes?” – Lucas 24:15-17


Tal como sucedió con estos dos hombres, con María Magdalena ante el sepulcro vacío y conmigo, Jesús sabe cuándo estamos traumatizados, heridos, afligidos o en peligro. Con compasión, se acerca a nosotros, nos escucha, camina con nosotros y nos visita en el presente o retrospectivamente para consolarnos, sanarnos, animarnos y/o protegernos. A Él le encanta transformar un encuentro con la oscuridad en un encuentro con la Luz, y solo Él puede hacerlo. Él conoce el momento perfecto para abrir nuestros ojos y permitirnos verle, logrando así el máximo impacto celestial.

Si actualmente te encuentras en una situación traumática, o estás lidiando con las secuelas de una ocurrida en el pasado, pídele al Señor que se manifieste en ella. Aquí, y en tu nombre, le pido al Señor que se revele a ti y te sane de aquello que te haya traumatizado, puesto en peligro, aislado, dañado o humillado.


Amén.

Santo es el Señor.

 
 
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